Este libro que tengo entre mis manos, Antología completa, recoge poemas de los nueve libros y una plaqueta de Enrique Baltanás, poeta, novelista y estudioso de la vida y obra de la familia Machado. Es una antología hecha por un lector de poesía: “Cada lector se fabrica su propia antología… Y como lector, he hecho la mía… procurando distanciarme de aquel que escribió estos versos; ese alguien que, aunque tan cercano a mí como pueda estarlo mi sombra, jamás he podido confundir conmigo”.
En “Invierno” que, junto a “Tarde de Corpus”, es uno de mis poemas favoritos, uno se siente arropado por la suave belleza de las tardes de invierno y nos hace volver, por la magia de la poesía, a nuestra infancia. Eso es también la poesía: máquina del tiempo, túnel de luz que te lleva a un mundo feliz con palabras que queman: badila, cisco, brasero, vaharadas, alambrera, alhucema… Un poema que es un mundo, que es lo que debe ser un buen poema.
La poesía de Enrique Baltanás vence a la sombra de la sombra porque está escrita desde la luz, desde la mañana del poema, desde la realidad que rodea al poeta. Nada es engaño en los poemas de Baltanás: su formación humanística, su sentido de la honestidad, del compromiso, de la amistad forman parte de su mundo poético y real, el mundo de todos los días que destila poemas como este:
Costumbrismo, si queréis, tradición, pero también un completo cuadro de un momento en la vida de una ciudad. Se abre el poema con una tarde de Corpus: niños, mujeres, olores, luces, cantos, el Santísimo y, pasando de lo exterior luz a la visión del “opaco cristal”, termina con el recuerdo de su padre y “el pasado que nunca ha de volver”.
Cierra la antología la nota a la primera edición en la que el poeta escribe que “toda antología es una apuesta, que sabemos perdida de antemano… pero también a favor de la dulce y benéfica destilación del tiempo”. No debemos, si nos interesa una poesía verdadera, cálida y humanística, esperar a que pase el tiempo. Es hora de leer y entrar en el mundo luminoso y cotidiano de Baltanás. Un poeta que pone espacio al recuerdo, que vive su poesía, deja vivir a los demás y nos enciende una vela en vez de maldecir la oscuridad.
Al final de la nota escribe: “Lo que importa es que al lector… le sea posible levantar, sobre la hojarasca esparcida por el suelo su propia versión de esta antología. Mejor no pedir otra cosa”. Hay lectores que al no poder levantar la hojarasca, se clavan la espina de la envidia, el resentimiento y la mediocridad en su corazón. Nosotros nos quedamos con la antología completa, (en la que algunos poemas han madurado hasta parecer distintos) agradecidos por ayudarnos a saber quiénes somos y sentirnos seguros en esa sombra que nunca fue.


