Cuadernos de Humo

Olor a magia y tinta

Libros llenos de lluvia y nieve, de sombras y resplandores, libros del tiempo del deseo, del amor y de la muerte. Libros de texto forrados con papel azul infancia.

Si han cumplido su misión, si nos han enriquecido, si nos traían el perfume “a libro y a tinta”, si nos recordaban a tardes de verano y días de invierno, si el tiempo y la oscuridad han hecho casa entre sus página y si ha llegado el momento de decir adios, el dolor es menor. Aunque quede la herida.

Libros de poesía que vinieron de las manos de una madre con iniciales bordadas de tinta. Libros de una guerra con yugos y flechas.

Nos esperan otros formatos, otros tamaños de letras, otro modo de leer, así que no se van del todo. Somos nosotros los que nos vamos. A los que se les reseca la piel y la mirada. Repasando los volúmenes que se van uno encuentra la razón del consuelo: están las notas de alguien que leyó varias veces a don Benito; los apuntes de alguien que hizo una tesis doctoral sobre Baroja; los marcadores sobresaliendo entre las páginas; las primeras ediciones y las ediciones “a mano”.

Libros prohibidos, por fuera cubiertos en hielo, por dentro en fuego. Libros de amigos que empezaban a vivir y se los llevó la peste. Libros, que al mudarse de casa, dejarán la balda del corazón vacía para siempre.

 Quedar cada vez más ligeros, preparados para el penúltimo viaje.

Libros esperados que tardaban al venir de lejos, libros perdidos en caminos con dos sendas, libros que no han de llegar jamás.

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