
No soy de este tipo de “manifestaciones artísticas”, pero me faltaba ver de noche e iluminado al Botánico del barrio, mi segunda casa. Con una temperatura bajo cero hemos recorrido una milla y media viendo escenas que no habíamos visto a la luz del día y que de noche, han cobrado otra dimensión. Un árbol, en cierto modo, es siempre un árbol, no importa lo que le pongan o le quiten. Además de bien abrigados íbamos muy bien acompañados.


