Cuadernos de Humo

Breve historial de dos libros.

Para los que hemos tenido la suerte de crecer rodeados de libros, de aprender y vivir de ellos, de vivir para ellos, de sentirlos y escribirlos, de ser parte de la vida de su vida, sabemos todo lo que un libro significa. Sabemos en qué balda viven, con quién se rozan, cómo les sienta la luz, qué edad tienen, cómo se llaman, su pedigree, los pródigos, los prestados y los perdidos. Nos pasamos la vida queriendo conocer su historia, su origen, su manera de ser, de dónde viene, dónde van, cómo mueren, cómo sus páginas, en ocasiones, se convierten en ceniza. Hay libros que son fuego: una hoguera permanente que quema al lector, hay libros que son hielo: un escalofrío en el corazón, hay libros que son vida y nos traen muerte; que son muerte y nos dan vida. Libros por los que vivimos, por los que nos sentimos desamparados si tenemos que alejarnos de ellos, libros que al perderlos estamos nosotros también perdidos.

Esta pequeña historia quiere ser un homenaje a todo lo que significa un libro: el largo, misterioso y feliz viaje de dos libros de poesía. Ayer, después de mucho tiempo de preparación, de dudas, de agobio y también de esperanza, dieron techo y una nueva vida a casi 1. 500 libros. Algunos van a volver a su punto de origen, otros se van a reencontrar con viejos amigos, la mayoría van a llenar de alegría otros ojos, otras manos, otros corazones de jóvenes que empiezan como uno se sintió cuando se encontró con muchos de estos libros que ahora salen de viaje. 

Aparecieron en la vida de uno y han estado con él cuarenta años. El de JLGM sirvió además para consolidar una amistad que quedó “firmada” en un encuentro en Brooklyn con el poeta en 1999: “… algún poema se salva, creo”.

 

Los dos libros, era el año 1984, aparecieron en Strand y destacaban por su lujosa encuadernación. (La colección había pertenecido a una famosa política española en el exilio, pero esto es otra historia). En uno de ellos había un detallado, aunque enigmático “historial” de los libros, desde que llegaron a la Biblioteca “de los leones” en Manhattan y su “exilio” a Strand. Allí me esperaban y yo a ellos.

Posiblemente si los dos libros se hubieran quedado en España yacerían en alguna biblioteca cubiertos de polvo. Ahora, con la mudanza, comienzan otro viaje. Un viaje que uno espera sea largo porque ya sabemos que “no hay mejor medio de viaje que un libro que nos lleva a tierras lejanas”
  • .                                                                                                        Poema de JLGM

                                                                                               Poema de Francisco Bejarano

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