
¿Qué piensa uno cuando está sepultado, mientras le hacen una resonancia, rodeado de ruidos estridentes que se mezclan con música de Beethoven y Mozart? ¿Piensa que es un ensayo de otros ruidos que solo el silencio puede escuchar? ¿Siente un frío especial cuando el técnico te indica dónde tiene que ir la cabeza y empuja suavemente la base que entra en una cueva donde una luz fría te recibe? Mientras cierran la puerta y echan tierra invisible en tu respiración piensas que has perdido dos primaveras y vas camino de perder dos veranos. Y quieres salir del laberinto:
Cuando todo pase volveremos a Europa, recuperaremos todo lo que nos han robado. Tengo que contestar al mensaje de Luis y decirle que uno también ha ido perdiendo amigos, poemas, veranos y tiene que borrar a menudo direcciones a las que nunca más volverá. ¿Cuánto me queda todavía? La música es aplastada por un trueno prolongado que te sobresalta. La voz del técnico se cuela en el féretro: “¿Todo bien? Recuerde que debe estar inmóvil”. Menos mal que me estás esperando, qué te has quedado con el móvil, las gafas, la alianza (pensé que no saldría), la chaqueta… Por lo menos han pasado más de veinte minutos… Cuando salga el nuevo libro a ver si lo podemos presentar en España, parece que un colegio de ratas corren despavoridas, arañando la piel con uñas de cristal se la cadera a la rodilla, el técnico avisa de que ya estamos acabando. ¿Vendrá la noche? Qué perfume habrá untado en el filo del alfange, tendrá tu voz?
-Cuando termine de vestirse ese es el camino…
Las ratas han proclamado la república. Un viejo que busca la salida se ha perdido en el laberinto del pasado.
¿Me estarás esperando?