![]()
![]()
![]()

Tenemos la “maldición” de los libros y los recuerdos, de mil cosas inútiles, de ruinas, de reliquias de santos y demonios, cajones con olor a lavanda, perfumes de ortigas, la presencia de un mundo de más de 50 años.
Avanzamos poco en deshacernos de lo que nos rodea como si supiéramos que hemos perdido el último tren.
Envolvemos cristales, revestidos de polvo, como insectos disecados de niebla, a punto de quebrarse. Contemplamos la copia en bronce de un joven atleta como quien vela a un difunto.
Reforzamos las alas de una reproducción del angel de “El Belén”, de Salzillo que nos ha estado anunciando por años un misterio.
Miro fotografías tuyas y me asombro del esplendor de tu mirada y el fulgor de tus labios y pienso, al ver las mías, cómo pude ser el elegido de tu corte de admiradores.
Seleccionamos los recuerdos que tienen fechas gozosas, nombres de sombras, ciudades con lluvia, muertes y un siete de julio.
Nos engañamos: como Penelopes de andar por casa, deshacemos de día unas hebras del tapiz y por la noche volvemos a tejer lo destejido.
Pero algo es algo: un día de estos, vienen de la Agencia de transportes a llevarse 10 cajas con papeles y dibujos a España para que el fuego y el olvido los devore. De seguir así, nos va a pillar la muerte deshaciendo lo que con tanto amor hicimos.
