
Uno, sin saberlo y, tal vez, sin quererlo, mira, por ultima vez, rostros, cosas queridas, luces, sombras, paisajes… Es una manera de despedirse y de que le despidan. De ir aligerándose del peso del pasado, de los triunfos y de los fracasos. De estar más próximo al mar.
Acaba de aparecer, ahora que se celebran los 150 años del nacimiento de Machado, este ejemplar de “Ínsula”, de 1989, dedicado a los cincuenta del aniversario de su muerte.
Si miran ustedes la lista de colaboradores verán que la mayoría están “muertos” y de los “vivos” hay varios muertos.
El tiempo, que sigue respirando, ha hecho de las suyas y ha amarilleado la cubierta.
Ahora tengo que decirle adiós (!no al tiempo!) y me deja un espacio donde almacenar mi melancolía.
Sigue vivo don Antonio y es un consuelo. De él repito ahora aquello de “casi desnudo como los hijos” de la tierra. Y a esperar.