
Vino de madrugada antes de que la luz la deslumbrara y la vistiera.
Se hizo la dueña de las sombras invadiendo las raíces del invierno y abrigando las semillas de la primavera.
Acompañó a un perro a pasar un semáforo, floreció en el parque y se subió a la carroza del ángel victorioso.
En su paraíso, alejada de ruido de la madrugada, se desnude en la cama metálica del alba
Ahora espera que el sol la vista de fuego y camine hacia el río, donde ha de encontrarse con el mar.

