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MUDANZA
Vivir perdiendo lo que se encontró, dando espacio al vacío de la casa, compartiendo lo que el amor nos da, asustando a la sombra de la cama, dudando de la edad de aquella foto en Cádiz los dos juntos, cosa rara, repasando el cuaderno del colegio, sintiendo que el silencio nos abraza, pensar el qué llevarnos, qué dejar, comentando la niebla de la plata, viendo cómo la lluvia descolora tus labios, tu equilibrio y tu mirada, esperando que el tiempo nos dé tiempo de pintar de amarillo a las arañas, a conocer la fecha del contrato, a matar para siempre a la alimaña que nos roba lo poco que nos queda: unas horas, tal vez una jornada, el adagio de Mahler de la Quinta, la noche aquella al borde de Las ramblas... Añorando cincuenta y cinco años que dejamos ocultos en las cartas y aquí estamos, desnudos y esperando poder cerrar la puerta de la casa.
Un último poema para una despedida que anuncia la salida a la luz después de una larga jornada como ulises ciegos en un viaje interior. Uno de los pocos objetos que permanece a nuestro lado y no lo hemos perdido.
MUDANZA