Cuadernos de Humo

YA TENEMOS UN LUGAR ADONDE LLEGAR: LA POESIA DE ALEX RICHTER-BOIX.

                 





              YA TENEMOS UN
LUGAR ADONDE LLEGAR
: LA POESIA DE ALEX RICHTER-BOIX.

Alex Richter-Boix
Poémame, editorial abierta de poesía
Valencia, 2019
      Nunca llegué a ninguna parte es el primer libro de Alex
Richter-Boix y el primer volumen publicado por Poémame, “un proyecto editorial
de poesía abierto, participativo y global”. Los dos llegan a alguna parte: El
libro de poesía alcanza un lugar donde nace y crece la mirada de un poeta, ojos
que configuran el argumento de parte del libro. La editorial apuesta por una voz
nueva y nos la entrega dejándola en alguna parte de nuestro mundo.
      Nunca
llegué a ninguna parte
son tres libros en uno. Y hubieran funcionado
perfectamente si hubiesen sido publicados individualmente que es lo que el
editor parece advertirnos por la manera de paginar el volumen. Los tres van
paginados, en la parte superior izquierda individualmente y en la parte
inferior derecha en su totalidad. Es propenso el poeta a los títulos y
subtítulos largos y a darnos, al principio de cada libro, un poema en forma de
guía.
      El libro uno subtitulado “Lo peor del
silencio es todo ese rumor de dentro” lleva un poema estandarte que termina con
este verso: “una flor no es la luz” y el último poema lo acaba con este otro:
“estallaremos en flores”.  Y entre la
flor sombra, claroscuro de la poesía hasta la explosión floral caminamos por un
jardín de quince poemas por los que la muerte crece con muertos que tienen el
mismo final y son “comida para el tiempo”, donde “la soledad quema el cielo, /
caen los días como pájaros de piedra” y parecen los ojos, la mirada, un tema
que se repetirá a lo largo del libro y que será cimiento en la poesía de
Ritchter-Boix. Una poesía que se podría definir como poesía visual, que se
percibe con los ojos del alma, poesía sensorial, rica en luminosas imágenes, brillantes
metáforas. Una poesía que es un ramo de ojos azules (como en el cuento de
Octavio Paz). 


               El libro dos es el
mejor de los tres. Si en el libro uno hay, a veces, un balbuceo estético, un
desvío a la prosa en este, que lleva como subtítulo “nuestras manos tienen
memoria”, la voz del poeta se siente firme, segura, próxima a conseguir un
estilo y una personalidad poética. Aparece una poesía amorosa que se enreda en
la naturaleza, con un lejano perfume de Walt Whitman, intimista, honda, que
socava los cimientos de la razón y nos acerca a un cierto pesimismo vital:
“somos hierba / clavados en la tierra, / dos corazones de barro / ignorando la
tormenta”, a una monotonía que nos moja el sentimiento: “Empieza a llover /
como lo ha hecho siempre,// sube desde el suelo en flores / abiertas sobre la
piel, la nuestra / una superficie fría y porosa / balo la tela de las sábanas…”.
               El libro tres lleva
este largo título: “Un vacío ordenado y estéril / ni una flor que nos /
acompañe // el mundo podría haber sido mejor” tiene quince poemas, como el
libro uno, y como el subtítulo nos advierte que entramos en un territorio
social, político, oscuro, el jardín está seco y “al pájaro se le seca el canto”.
El poeta nos pregunta: “¿Para cuándo el deshielo social? / ¿Para cuándo?”.
                Siempre es un gozo descubrir una voz con una
mirada. El libro tiene poemas que son todo un mundo, lleno de imágenes que le
mantienen a uno en vilo, que te dejan cieno y alquitrán en el corazón y un poco
de melancolía en el alma. Es un primer libro a tener en cuenta. Posiblemente,
como decimos, sobra el “libro tercero” que es “otra cosa” y que hubiera
encajado mejor en otro libro con otro tipo de estética. Pienso que, como ocurre
en muchos primeros libros, hay demasiados poemas. Menos, uno se repite a sí
mismo, es más. Uno de los éxitos de un libro de poema es saber lo que no hay
que incluir. Pero es difícil dejar a un ser querido fuera de la primera casa.
               Enhorabuena por
inaugurar la colección con este libro, que aunque el primero en ser publicado,
uno advierte que el poeta tiene oficio y audacia.
               La edición es sobria y
lo que es más importante el contenido es valioso. Parece ser que el poeta ha
encontrado la fórmula mágica para crear un elixir, la mejor medicina, el
bálsamo que nos aplaca las cicatrices: la poesía. Ya tenemos un lugar adonde
llegar.

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