Cuadernos de Humo

Una poética más. Sobre lo oscuro.

I
Pienso que en toda poesía debe haber un elemento maldito y también un elemento de oscuridad. (A veces lo oscuro es por falta de destreza del poeta, pero eso es otro cantar). En mi primer libro, In tempore belli, la oscuridad y lo maldito (junto con lo bendito) ocupan un lugar importante. Oscuridad como dificultad para llegar al poema, como ejercicio mental y gimnasia para el alma. La vejez te da la claridad que la juventud te oculta. Ser viejo es verse en el fondo del espejo.
La poesía, o al menos la mía, debe ser también un elemento provocador, yo estoy con la agresividad estética y si se quiere sexual, no equivocación en los “pronombres”, sin ser militante, sí poesía sincera y profunda, una poesía metafísica escrita con el corazón. Yo estoy muy cerca del Cernuda de “al amor no hay que pedirle sino unos instantes, que en verdad equivalen a la eternidad…” Un poema más que un arma para el futuro es una navaja del pasado, una mano abierta para el presente y una eternidad basada en el instante de un amor para el futuro. Estoy en deuda con Góngora al que siempre hay que volver, con Quevedo, con Aldana, con la poesía contemporánea en inglés (Auden, Ginsberg, O’Hara, Schuyler, Frost…).

II
Toda buena poesía, toda poesía seria debe tener algo de maldición y algo de misterioso. Todo poema, como la vida, debe ser en cierto modo, oscuro y maldito. La oscuridad le da al poema una distancia y le hace minoritario e inalcanzable: un coto privado de belleza, sólo reservado a un grupo minoritario y privilegiado. (Otro tipo de poesía puede ser mayoritaria.) Leer un poema debe ser un acto de reflexión, una comunicación con lo espiritual, un ritual, un sacrificio, un ejercicio de la mente y el corazón. Una comunión entre el poeta, el oficiante, y el lector. Lo maldito conecta al poema con lo negativo de la vida, con el infierno de la idea, con los demonios de la inspiración. Lo maldito condena o salva al poema de lo común, lo cotidiano y lo ya dicho y dicho mal.
Noche y día, bien y mal, muerte y vida y de este modo dos tipos de elementos malditos (no nos sirve el término maldad) y dos tipos de oscuridad. Lo maldito negativo, enraizado en las relaciones humanas como el odio y la venganza y lo maldito positivo conectado con la literatura maldita y por otra parte la mala (oscura) y la buena (luminosa) oscuridad. El infierno y el paraíso. ¿Qué infierno y qué paraíso?
La mala oscuridad sería la que nos impide, por falta de conocimiento, destreza e ”inspiración” aclarar la idea, mientras que la buena oscuridad sería la que deja clara la habilidad, la disposición del poeta para oscurecer el poema, al hacerlo claro. Y en el esfuerzo de entender el poema, el lector, el “miembro” de este club minoritario y selecto, en varias lecturas, ejercitar su mente, suplir de provisiones su corazón y estar cada vez más próximo al total conocimiento, imposible, de toda la belleza que estado de emergencia llega, florece y se nos escapa. Nunca descifrar del todo la oscuridad, dejar que el enigma nos preocupe, nos inquiete y nos haga volver de nuevo a la búsqueda de la claridad total.
Misterio que ya el marqués de Santillana, en su Proemio-carta, nos brinda al definir a la poesía como “un fingimiento de cosas utyles, cubiertas o ueladas con muy fermosa cobertura, compuestas, distinguidas e scandidas por cierto cuento, peso e medida…” Veladas con muy hermosa oscuridad, con enjundia y musicalidad.
Esfuerzo mental a la manera de Baena cuando medita en su Prologus Baenenssis al hablar de la poesía como “un arte de tal eleuado entendimiento e de sotil engeño que non puede aprender, nin aver, nin alcanzar, nin saber bien nin como deue.” Un sutil engaño, una trampa que nos reclama y nos aprisiona.
Salinas vio en los escritos de Francisco de Asís como en los de Baudelaire un elemento maldito: en el primero, místico; en el segundo, destructivo, o ¿fue en el fondo ascético?
Y termino con esta otra cita de Baena que es una excelente justificación para parte de mi poesía: “…porque es opynion de muchos sabyos, que todo omne enamorado, conuiene a saber, que ame a quien deue e commo deue e donde deue…”

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