Las cosas tienen vida y en algún momento han sido testigos de la nuestra, hasta que llega el adiós.
Tuvieron un lugar en la sombra y en la luz.
Tazas de sabor amargo.
Un espacio entre nosotros.
Jarras con agua estancada.
Fueron testigos en el gozo y en la tristeza.
Profético polvo, ceniza milenaria, la nada de la nada.
Bautizadas con el polvo bendito del olvido.
Santos con sonrisa de dolor.
Narradoras silenciosas de historias que espantaban a la telaraña de la muerte.
Candelabros de una única noche.
Presencias de veranos y nieves.
Cerámicas de barro anónimo.
Sintieron el sonido del agua y el perfume de unas flores.
Resplandores falsos para urracas.
Ahora esperan, silenciosas y resignadas, la llegada de la nave que les lleve al mar.
-
- Se llevan, sin saberlo, media vida.