Cuadernos de Humo

día 1 de septiembre 2021.

Tengo los diarios de HB que me acompañan y traen recuerdos. Cada día publico un fragmento de ellos. Espero os guste. Un saludo, Fernando.

Yo llegué a Barcelona en septiembre del 70. En Toledo no había tenido un trabajo serio y en realidad vivía a costa de mis padres. Gracias a la generosidad de mi amigo Ángel Ballesteros, que me acogió en su casa durante unos meses, me dieron trabajo en la Academia Condal que estaba en la calle Diputación. Al acabar el curso, durante el verano, daban clases de repaso a los que habían suspendido. Como yo era nuevo, me ofrecieron trabajar a partir de las cinco de la tarde hasta las 10. Era un trabajo que nadie quería y que a mí me parecía caído del cielo. Las mañanas las pasaba en la playa y algunas noches, a la salida de clase, me iba a un bar cerca del puerto. Compartía un apartamento en la Avenida Meridiana con tres maestros que se habían ido con su familia. Estaba solo. La noche del siete de julio de 1971, al terminar la clase, fui hasta los kioscos de libros y prensa de la Ramblas a comprar Cuadernos para el diálogo, que acababa de salir y yo temía que fueran a secuestrar, como había ocurrido en otras ocasiones. Con la revista debajo del brazo y la noche por delante me senté, como hacía a veces, en una de las sillas de pago a ver pasar gente. Treinta y ocho años después me entero de que ha muerto Joaquín Ruiz Jiménez al que por entonces yo consideraba un héroe. Su muerte me ha traído mi vida de aquellos tiempos en los que me creía feliz. Tenía un trabajo y la noche era mía como lo era la playa y el rincón del bar donde iba a tomarme un cubalibre. A menudo, salía acompañado y pasaba la noche fuera de mi apartamento con alguien al que no volvía a ver mas. Si le veía era como si no hubiéramos respirado juntos toda una noche. Años después cuando me despedí de Barcelona, perdí muchas cosas querida que me habían acompañado en tiempos de fuego y en tiempos de ceniza. Entre ellas la colección de Cuadernos para el diálogo que junto con algunos libros comprometidos, pósters del PSUC y propaganda comunista dejé en un baúl a un hermano mío que a su vez se lo dejó a una amiga de la que nunca volvió a saber.
La noche del siete de julio de 1971, como ya se ha contado en otras ocasiones, sentado en una silla de las Ramblas con el Cuadernos para el diálogo debajo del brazo te vi bajar: y fue como si bajara el mar. Nos miramos. Ni esa noche ni las que la siguieron leí la revista y jamás, mientras viviste conmigo, me volví a sentar en las Ramblas a ver pasar la gente y a ahuyentar la soledad que me mordía a diario como una loba hambrienta.

H. Barrero
Brooklyn en blanco y negro ( 2009 )

 

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