Cuadernos de Humo

Desde Brooklyn: Ese ruido en el alma. Uno que son dos.


                                    

                                              ESE
RUIDO EN EL ALMA: LA POESÍA DE E. FRATTAROLA 

 La poesía puede ser fuego
cristalizado o una manera de dar larga vida a la palabra. 
En Uno, publicado por
La isla de Siltolá, la poesía de Ernesto Frattarola, es fuego y cristal, carne
y sangre, amor, muerte y vida. Y sobre todo es un ejercicio de desnudez
poética, temática y vital. 
Es una poesía que quema y que corta: fría a punto de
ser carbonizada, ardiendo ya casi hielo.  

Una poesía donde uno no sabe qué
admirar más: si el contenido vital, esos chispazos o descargas o “ruidos” que
el poeta nos propina en el alma, o la desnudez formal que nos deja tiritando la
piel de la razón. 
Uno piensa que la mayoría de los poemas, admirablemente
breves, son como una colección de aforismos, de metáforas “cerebrales”, “un
diario de viajes”, un sistema poético en el que cada verso es una pieza, en
apariencia metálica y sin conexión, pero que una vez que el lector ha roto esa
aparente frialdad de frases independientes que, en ocasiones, reviste el poema
de una armadura casi imposible de penetrar, una vez familiarizado con la voz y
el estilo del poeta, vemos que cada verso encaja a la perfección y crea una
maquinaria, una caja mágica, que late al mismo compás que late nuestro corazón. 
Un pequeño cosmos del que es difícil salir. 

         “Voz”
es un poema en el que podemos “oír” la voz del poeta, escuchar el latido de su
vida, enterarse del miedo del hombre y del padre y, sobre todo, apreciar y
celebrar la “otra” voz, la que hace que Ernesto Frattarola, en este segundo e
importante libro, sea un nombre a tener en cuenta en la poesía española. 

Me acerco a los cincuenta y aún no sé

para qué tanto ruido.

He vivido poco.

He vivido mal.

Y ahora que es la hora de volver,

ni siquiera recuerdo adónde iba.

Y este ruido en los huesos.

Cuando todo calle hablará la muerte.

Y nada importará.

Y empezará algo nuevo.

Sin mí.

Sin este ruido atroz.

Sin este ruido hermano

que hoy me quiere despierto.

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