Cuadernos de Humo

EL CUERPO DEL AMADO

El 7 de julio celebraron 55 años. El ayudante del Caballero ha encontrado un poema inédito con el quiere agradecer los parabienes. Pertenece a un libro en marcha (lenta) que al ayudante le gustaría titular “El cuerpo del amado”. Desde una nueva morada, y cabalgando en un Clavileño de recuerdos y olvidos, el Caballero y su ayudante les dan las gracias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De monaguillo,
en el colegio de monjas donde aprendió a rezar,
lo que más le costaba era salir a la primera luz del día.
Un ademán sombrío le avisaba de que su vida
iba a ser como un salmo en latín de traducción difícil.

Una vez el capellán al dar la comunión
rozó la patena con la hostia y esta cayó al suelo;
el celebrante arrodillado la recogió y comulgó con ella.
La sacristana limpió la alfombra
como quien cura el cuerpo del amado
y, acabada la misa,
llevó al monaguillo a un lugar apartado del jardín.

Arrodillada vertió el agua en un cantero
y enterró el purificador entre lirio azules,
caracoles resecos y gotas de rocío.
Mientras la luz se hundía en el barro de la sombra
la tierra herida y abierta olía a camposanto.

Sólo queda la brasa quemando las entrañas del recuerdo:
murió la sacristana, cerraron el colegio, los lirios se secaron,
se oxidó la patena y el niño perdió la fe una noche de julio,
caminando a un Damasco prohibido,
donde encontró un cuerpo que le hizo sentir
igual que el agua sedienta que se bebió la tierra.

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