Cuadernos de Humo

El orgullo de Gijón

El mar se retiró y dejó espacio para que los gijonenses pudieran mirarlo, algunos con lágrimas en sus ojos, casi de puntillas. En sus miradas se mezclaban el recuerdo de los que se fueron con la nostalgia del pasado y el vértigo del presente.

Unidos, formando una orilla humana, han bailado la “Danza prima” a las dos de la tarde, bajo un cielo gris, cerrando la Semana Grande.

Junto a niños que se equivocaban de pasos, jóvenes que los inventaban y mayores que los trenzaban con precisión la danza ha vuelto a aflorar en todos el sentimiento de orgullo de ser asturiano.

El mar ha vuelto a recuperar su territorio y ha recogido, en su corazón de padre/madre, las huellas y las historias que los cientos de gijonenses han dejado impresas en la arena.

La danza, como las olas, no morirá nunca mientras vibre el latido en el corazón de los gijonenses.

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