Empezó uno coloreando el mapa cuando España estaba dividida en “cuarenta provincias y quince regiones, a saber:…”, luego intentó pintar un poco el mapa de su vida, y resultó imposible, más tarde se atrevió con “cartones” de pájaros y peces nunca catalogados, ahora continúa con bolsas y se pasa las horas, mientras la lluvia golpea en la ventana, pensando que el blanco socava como un viejo arado en el barbecho del negro, que el rojo tiene peso y hondura, un zigzag de sangre, y que el azul no es azul, que es agua o cielo, telón de fondo a la ilusión. Y así, con octubre entrando en el lecho y una luna llena dando peso a la noche y a la vida, uno termina o empieza con este cartón: un salmo ateo que nace del corazón de un viejo.
