Cuadernos de Humo

Gijon: El contemplado

Va a atardecer y la playa que está casi vacía aparece llena de pisadas, con huellas que todavía conservan la hondura de los cuerpos que caminaron, con contornos apenas si esbozados, lineas curvas paralelas de ruedas y parvas trilladas de oro falso, cicatrices con sombras donde la arena se acurruca: un cuadro expresionista abstracto de un Pollock arrepentido, un campo de Agramante en el que durante el día hubo nublados, perdedores y vencidos, amantes deslumbrados y a media tarde izaron la bandera roja.

A las diez comenzará la pleamar y lentamente la marea irá borrando signos y lineas, se llevará al fondo del olvido lo que ahora convierte a la playa en un pergamino borroso y enigmático. Y abonará con sal y yodo la arena bautizada.

Y el mar volverá a ser borrador e inquisidor. El narrador que escribe con renglones torcidos. El que nos salvará si lo contemplamos como quien mira a la persona amada.

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