Cuadernos de Humo

Los atrios de Luanco

 

 

 

 

 

 

 

Desde una puerta lateral abierta en la iglesia parroquial de Luanco, oscura dolorosa protegida por un cristal nublado, el mar, como un ateo, espera fuera a que le dejen entrar y ofrezca un retablo de líquido vidriado. Lame, entre tanto, los cimientos de los sobrios y hermosos atrios por donde la brisa jalbega con cal bendita el muro corrido donde los viejos se sientan.

En los atrios, los días luminosos, la luz patina sobre las losas acuchillando sombras y pisadas. En días grises, como el de hoy, la claridad era como si hubiera salido de la boca de un lobo.

Miramos, una vez más, el mar: motor, maquinaria celeste, universo, espejo, muerte y resurrección.

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